23 DE ABRIL
“En la mañana del 23 de abril de 1521, antes de que amaneciera una jornada fría, desapacible y lluviosa, uno de esos días que tanto se dan en Castilla, en un prado grande, en tierras de Villalar, y avisado por sus corredores, el ejército del rey, truncó la marcha hacia Toro de los Comuneros. Más de quinientos hombres murieron en esa batalla.
Al día siguiente, el 24 de abril de 1521, en la plaza de Villalar, que preside una iglesia, se mandó hacer justicia por orden del Regente, en nombre del rey. Y con público pregón, en presencia del pueblo, declarados traidores, fueron decapitados don Juan de Padilla, don Juan Bravo y don Francisco de Maldonado.
Estos hechos sucedieron hace 481 años y un año más rendimos un tributo a aquellas personas e ideas con un intento de lograr encender “esa vela capaz de alumbrar a todos”.
Nos llaman utópicos, pero los comuneros creemos que por mucho que lo intenten estos pensamientos que persiguen crear una democracia abierta, participativa, una soberanía del común, donde las asambleas de barrios, concejos o comarcas tengan un protagonismo real de decisión y gestión. Donde sus representantes deben desempeñar el papel que deberían desempeñar, únicamente como portavoces del común y en cualquier momento puedan ser destituidos no son para nada utópicos.
Hacer de nuestra Castilla un lugar, donde puedan vivir con dignidad todos los ciudadanos que la pueblan, un lugar de acogida a todos aquellos que quieran vivir en ella y ayudando con nuestra solidaridad real a aquellas naciones que lo necesiten. La enseñanza de los comuneros fue la defensa de la producción frente a la especulación comercial. Igual que defendieron entonces promocionar la industria lanera propia, evitando que toda se fuera a Flandes, dejando a Castilla atrasada y empobrecida; hoy nos cumple evitar de nuevo que Castilla se convierta –con la excusa de que el sector servicios es el más boyante hoy y será el predominante en el futuro-, en un yermo rural alrededor de unas pocas megalópolis inhabitables, desequilibrado poblacionalmente, mientras que sus recursos humanos y materiales se les escapan sin cesar. Y aquí de nuevo se trata no sólo de defender los nuestro, como buenos nacionalistas, se trata de proponer un modelo válido de organización económica, que para de las necesidades y los deseos del ciudadano consumidor y productos, frente a aun sistema económico ciego que huye hacia delante devorando el planeta y haciendo infelices a sus habitantes. Es también inaceptable que se tome con naturalidad un flujo migratorio masivo, que trae mano de obra barata ..... Es inaceptable que sectores improductivos, parasitarios o directamente dañinos, como la mayoría de los financieros, crezcan ahogando a los productores y creando crisis especulativas ratifícales que amenazan permanentemente el bienestar conseguios por algunas naciones, ....
El 23 de Abril, en Villalar, se celebra el día nacional de Castilla, pero no se conmemora sólo una guerra perdida, sino una lucha mantenida, una memoria viva que nos recuerda cada año la resistencia de un pueblo a perder su nación y sus libertades. Hoy el imperio tiene una impresionante máquina de guerra y de propaganda para aplastar toda oposición. Ayer también la tuvo. Pero, pese a las derrotas, la voz de los comuneros prevaleció, y hoy sigue viva, y su ideal está hoy más vigente que nunca.
Debemos aprender de la historia, para ver que cada vez que un pueblo de la tierra es amenazado
por los que quieren negarle su soberanía, anularlo como nación, está la mano de la explotación detrás. Por eso debemos unirnos, los castellanos, entre nosotros, y con todas las naciones de la tierra, con todos sus ciudadanos, el común de la humanidad, desde ese espíritu comunero aún vivo, para gritar: ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases. Solidaridad efectiva entre las naciones. No dejemos solos a otros pueblos como el palestino o iraquí. Castellanos, comuneros, una vez más contra el imperio y sus vasallos, alcemos la voz del común, defendamos a los hermanos de otros pueblos. Su guerra es nuestra guerra. Hoy más que nunca.
"Sucede a veces con la historia lo mismo que sucede con los ríos: si se intenta frenarles o que retrocedan, acaban desbordándose y anegándolo todo. Después nunca se sabe cuántos años o incluso siglos tardará la corriente en ser otra vez la misma y en volver a permitir que la vida de los hombres o el agua fluyan con serenidad y sin dolor, en paz.
Ojalá Villalar, donde acaba el curso de un río apenas recién nacido, no hubiera tenido nunca que apellidarse “de los comuneros”. Ojalá Villalar hubiera sido siempre aquel pequeño pueblo, desconocido y tranquilo, en el que nunca ocurrió nada que mereciese ser recogido en las crónicas; en crónicas trágicas”.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada