viernes, 27 de julio de 2007

Barramos el monte y dejemoslo limpio

Ésta, parece ser una de las ocurrencias que han llevado al gobierno de la comunidad castellana de Madrid a tramitar por el procedimiento de urgencia unas regulaciones de la actividad de los agentes forestales (Ley de Modernización del Gobierno y la Administración de la Comunidad de Madrid), que los deja prácticamente vacíos de atribuciones.Una vez apagada las brasas mediáticas que daban cobertura al asunto (veáse El País o El Mundo) y pese a las movilizaciones de los agentes madrileños, parece que el camino se haya despejado para agudizar el enladrillamiento de bosques y montes. Las protestas que lograron paralizar la idea de no considerar a los agentes forestales agentes de autoridad, rango que ostentan desde hace más de un siglo, entre otros motivos por ser anticonstitucional, no parece que vayan a lograr paralizar la ley. Tampoco parece importar que la ley contradiga la Ley Básica de Montes, a fin de cuentas vamos a dejarlos libres de molestos árboles para dejarlos urbanizables…lo que algunos regidores parecen entender por modernidad.
Con la aparente buena intención de proteger la esfera más íntima de los ciudadanos, el hogar, sigue adelante la idea de impedir el acceso de los agentes forestales a las parcelas y montes privados. Éste en apariencia lógico argumento, no es sino una burda falacia, puesto que intenta igualar hogar con parcela o monte, siendo claramente diferentes, una cosa es la casa en la que se reside, la auténtica esfera privada necesitada de protección, y otra muy diferente las hectáreas, en algunos casos miles, de las que consta la parcela en la que está se ubica. ¿Qué se logra requiriendo autorización judicial para que los agentes judiciales puedan acceder a las fincas privadas? En primer lugar, una situación de ocultismo, que evita que aberraciones urbanísticas puedan ser detectadas con celeridad. No hace falta ser demasiado agudo ni recurrir al diablo cojuelo para averiguar que pretenden nuestros gobernantes con esta medida.En palabras de un representante de los agentes: "con esta nueva legislación se nos priva de muchas competencias y nos convertimos en simples ciudadanos de a pie a la hora de vigilar y custodiar la seguridad de nuestros parajes naturales”. Todo sea por la salud del cemento y ladrillo, que sin duda darán de comer a las generaciones venideras y evitarán tener que desplazarse al monte para contemplar la naturaleza, puesto que ésta quedará relegada a los zoos y jardines botánicos.El País publica hoy un artículo en el que resume las principales medidas de la nueva ley (pulsar en enlace). A la vista de esta situación, sin duda extensible a multitud de ayuntamientos y comunidades castellanas, propondría una original medida de protesta.
Dado que teóricamente la sede del gobierno local o autonómico es la casa de todos los ciudadanos, recuperando una vieja tradición castellana, apoyaría en su puerta una vieja escoba de paja esperando que tan molesta visita se vaya cuanto antes de nuestra casa.

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